Camino de Santiago
EL CAMINO DE SANTIAGO
España, como ya hemos mencionado anteriormente, dispone de un importante foco de peregrinos nacionales e internacionales que, predominando en mayor o menor grado la fe, deciden realizar la ruta del Camino de Santiago para visitar la tumba del Apóstol Santiago. Por este motivo, la peregrinación compostelana está considerada una de las fechas más importantes en cuanto a manifestaciones se refiere, de la cultura cristiana occidental. La ruta jacobea se cuenta, con Jerusalém y Roma, entre las tres grandes romerías mayores, pero en el Medievo superó con amplitud a sus “competidoras”, manteniendo su vigencia hasta la edad contemporánea.
A continuación, hemos intentado dedicar esta página a exponer brevemente los conceptos y conocimientos básicos en esta materia y, además, intentar hacer de esta, una pequeña guía para el visitante. En ella, podrán de encontrar toda la información necesaria para llevar a cabo la gratificante experiencia del Camino de Santiago.
1. La Leyenda del Camino
El Camino de Santiago, según la leyenda, tiene su origen en la historia del apóstol Santiago. Su nombre, en realidad, era Jacob, procedente del latín Sanctus Iacobus, pero después al español se transformó en Santiago, Jacobo, Jaime, Diego o Iago. Santiago vivía con su hermano, ambos llamados por Jesucristo para formar parte de su grupo de doce apóstoles, todos ellos dedicados al oficio de la pesca. Con el paso del tiempo, Santiago se convirtió en uno de los miembros que mejor relación tenía con Jesús y, consecuentemente, este último le puso el sobrenombre de “hijo del trueno”. Tras la muerte y resurrección de Jesús, Santiago pasó a formar parte del primer grupo cristiano de Israel, expandido por Grecia y Egipto. Hacia el año 44, Herodes Agripa decide escarmentar a la comunidad cristiana con el arresto de Pedro y el asesinato de Santiago en Jerusalén mediante decapitación, siendo así el primer cristiano en morir por su fe. Se le conoce como Santiago “el Mayor”, su festividad se celebra el 25 de julio y es patrono de España, Iberoamérica, y de numerosos pueblos y ciudades.
2. Fases del Camino de Santiago a lo largo de la historia
Tras el descubrimiento de los restos de Santiago en Compostela a principios del siglo IX, el destino se transformó en un lugar en el que millones de peregrinos procedentes de toda Europa acudían, es decir, se convirtió en el hilo de unión con el resto de la Europa cristiana.
Los siglos XI y XII son testigos del gran auge de la peregrinación. Tras el descubrimiento de sus restos en Compostela a principios del siglo IX el lugar se transforma en destino de peregrinación para millones de europeos durante la Edad Media y consecuentemente, se convierte en el hilo de unión con el resto de la Europa cristiana. Ya en el siglo X hasta el siglo XII, esta peregrinación se convirtió en fenómeno de masas en gran parte, a la construcción de puentes, reparación de caminos y edificación de hospitales por parte de los monarcas de Navarra, Aragón, Castilla y León.
En los siglos XIV, XV, y XVI, se produjeron muchos problemas sociales y acontecimientos desagradables en el viejo continente: guerras, hambre, peste, malas cosechas, sequías…en Europa que desviaron a los peregrinos potenciales hacia otros destinos que llevan al olvido a la ruta jacobea.
Pero es en el siglo XX, que el interés por el camino vuelve a resurgir hasta lo que es hoy en día. A partir de la posguerra comienzan a llegar otra vez los peregrinos. El movimiento jacobeo adquiere mayor fuerza con el deseo de recuperar los itinerarios antiguos y la práctica de caminar. Así, el Camino Francés es de nuevo señalizado y reabren sus puertas antiguos y nuevos albergues, se multiplican los estudios y la divulgación jacobea y son convocados exposiciones internacionales (Europalia, en Gante, de 1985) y congresos ( fue decisivo el de Jaca, en 1987) relacionados con esta temática. Los caminos vuelven a estar llenos, con una gran presencia de jóvenes, y la hospitalidad, en muchos casos dispensa por voluntarios (antiguos peregrinos y miembros de las asociaciones jacobeas), se convierte de nuevo en uno de sus signos distintivos.
El Camino es declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad; Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa, y ha recibido el título honorífico de Calle Mayor de Europa.
3. El Arte del Camino
Para poder hablar del arte en el Camino de Santiago, es necesario en primer lugar, diferenciar dos términos. Una cosa es el arte en el Camino de Santiago, concepto que engloba toda creación arquitectónica, escultórica, pictórica, etc., situada en el área de del itinerario, y otra muy distinta, y más concreta, el arte de la peregrinación, expresión específica para aquellas corrientes, tipologías y temas nacidos en estrecho vínculo con la romería compostelana, y en gran medida por y para ella.
“La vía abierta por los peregrinos entre Europa y la basílica compostelana no fue sólo un camino peatonal. Mezclados con una muchedumbre de campesinos, pícaros, burgueses y nobles, llegaron también los artesanos, canteros, pintores, escultores y órdenes monásticas. El Camino pronto se convirtió en el conducto por el que se colaron en la península las vanguardias estéticas y culturales imperantes en el mundo occidental. Fue la gran contribución del Apóstol al desarrollo artístico y humanista de España. Primero llegó el romántico, el arte más intelectual de la historia, con sus líneas puras y sencillas; más tarde, las órdenes monásticas francesas incorporaron el gusto por lo altivo y lo liviano del gótico. El barroco se encargaría después de recargarlo todo”.
El Romántico, ha sido definido como el “estilo de la peregrinación”, por ser la corriente arquitectónica dominante en los siglos de máximo esplendor de la Ruta Jacobea, el XI y el XII. Es el arte de la pureza y la sencillez. EL Camino está lleno de estos templos austeros, cuyos muros eran muy gruesos, de piedra y sillería, reforzados con contrafuertes que sostenían el peso de las bóvedas. Éstas eran de cañón (medio cilindro), divididas en tramos por arcos de medio punto que contribuían al soporte. La introducción de ventanas era escasa, y por lo tanto, dejaba al templo romántico en penumbra. Este hecho obligó a los pintores a utilizar vivos colores para decorar los muros, de ahí la riqueza cromática de los pocos frescos románticos que han llegado a nuestros días.
A lo largo del Camino Francés disfrutamos de excelentes ejemplos de arquitectura romántica de carácter catedralicio o colegial (Lescar, Jaca, Santo Domingo de la Calzada, San Isidoro de León, Compostela), parroquial (Sangüesa, Estella, Logroño, Frómista, Carrión de los Condes, Villafranca del Bierzo, Barbadelo), monástico y de las órdenes militares (Ste-Croix de Oloron, L’Hôpital-St-Blaise, San Juan de la Peña, Santa Cruz de la Serós, Leire, Irache, San Juan de Ortega, Portomarín, Vilar de Donas) y también de alguna muestra arquitectónica civil en este estilo (palacios real de Estella y episcopal de Compostela, puente sobre el Arga de Puente de la Reina).
El esplendor del gótico en Europa coincide con el principio del decaimiento del Camino, razón por la cual, existen muchos menos edificios atribuibles a esta corriente que a la románica a lo largo de la ruta.
A finales del siglo XII, la concepción del arte en el mundo occidental empezó a cambiar. Los pesados muros románticos, los espacios pequeños y oscuros que los caracterizaron, evolucionan hacia formas esbeltas y armónicas. En este período se introducen nuevas técnicas en el arte, técnicas que permiten construir bóvedas y torres de las catedrales con alturas antes impensables. Los macizos muros románticos dejan paso a las bóvedas de crucería, quienes descargan su peso en dos sectores, uno vertical a las columnas y otro horizontal que contrarrestan los arbotantes exteriores. Las paredes pueden hacerse así, más altas y ligeras e incluso, al quedar liberadas de su misión contenedora, se adornan con grandes cristaleras y rosetones. Con el gótico, la luz entra a formar parte del juego de volúmenes. Este nuevo estilo arquitectónico entra a España de la mano de la orden francesa del Císter. Algunos templos románticos en ruinas se terminan de demoler para elevar nuevas iglesias, como las de León o Burgos.
Con el siglo XVIII, el gusto por lo recargado llega a su máxima expresión. Es el polo opuesto al romántico. La moda de vestir el interior de los sobrios templos románticos y góticos se extiende en altares, capillas laterales y muros, que se adornan con complejas creaciones de pan de oro, policromías, tallas de santos, juegos florales y columnas salomónicas. El barroco alegra el Camino con sus oropeles, fachadas monumentales, hermosas torres (Santa María de la Redonda en Logroño, Santo Domingo de la Calzada, catedrales de Astorga y Santiago, etc.).
En el siglo XIX, las poblaciones del Camino de Santiago experimentan una gran transformación con la creación de ensanches, teatros, estaciones de ferrocarril, paseos, áreas ajardinadas, etc. Incluso el modernismo, nos legó, dos obras maestras firmadas por el genial Gaudí: la casa de Botines (León) y el palacio episcopal (Astorga).
En la época contemporánea deben ser destacadas grandes infraestructuras viarias y los edificios públicos y de carácter cultural, sobre todo presentes en las ciudades, como pueden ser la faraónica obra compostelana de la Ciudad de la Cultura, en el monte Gaiás, o el santuario de la Virgen del Camino (León).
4. El Camino
La peregrinación a Santiago es un viaje de 800km. Hay quien lo inicia por placer del caminar; otros, por convicción religiosa o por el interés artístico e histórico de una senda por la que penetraron en la península las vanguardias estéticas y culturales de Occidente; también es frecuente hacerlo por una promesa, o por un poquito de todos los motivos a la vez. Pero lo que ninguno de quienes lo inician sabe, es que en ese momento acomete un proceso de renovación interior que le hará cambiar el concepto de muchas cosas.
Con el fin de recuperar el antiguo Camino, un grupo de entusiastas, agrupado en las asociaciones de Amigos del Camino, fue estudiando, señalizando y recuperando, con sus pobres medios, las antiguas vías históricas de peregrinación. Muchos de los tramos perdidos, fueron habilitados como andaderos paralelos a las carretera, grandes edificios y conjuntos histórico-artísticos restaurados, y numerosos albergues de diseño y monumentos inaugurados, a partir de 1999.
Existen tantos caminos como caminantes. En realidad, las vías utilizadas por los antiguos peregrinos para alcanzar Santiago hollaron todos los rincones de la península. Pero una destacó por su importancia histórica y estratégica: el Camino de Santiago Francés o Franco-Navarro. Este Camino, es sin duda alguna, la ruta jacobea más transitada ya que todas las rutas que recorren España, terminan confluyendo en uno u otro punto con ésta. Este Camino tiene sus dos entradas, Roncesvalles (Navarra) y Somport (Huesca). La ruta Navarra es más bella y frecuentada; la aragonesa, por la soledad de sus parajes, reproduce para muchos el verdadero camino medieval.
Este Camino ha sido declarado Primer Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa (1987), y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (1993).
Dentro de los Caminos del Norte se encuentra el denominado Primitivo o de Alfonso II, llamado así por haber sido realizado por este monarca. Este Camino tiene su origen en Oviedo y un trayecto de 336km, pasando por Lugo y Tineo (Asturias). Finaliza en Palas de Rey (Lugo). Además, en los últimos años se ha ido consolidando una Ruta de la Costa, ubicada en Irún y finalizada en Arzún. Es una ruta de 839km, caracterizada por su gran belleza paisajística y que, juntamente con el anterior, se encuentran mal señalizados en las diversas comunidades autónomas y están faltos de albergues.
Otro itinerario mayor es el del Camino Portugués, recuperado por las asociaciones gallegas y portuguesas en los años 90. Existen dos rutas, la del Interior, originada en Verín (Orense) y finalizando en Santiago de Compostela después de 143km de caminata, o el de la Costa, con su origen en La Guardia(95km), Goyán (132km) o Tuy (107km), todas en la provincia de Pontevedra.
Últimamente ha cobrado especial relevancia la ruta que coincide parcialmente con la Vía romana de la Plata, también denominada Camino Mozárabe o, en su tramo final, Meridional o Ourensano. Desde Zamora presenta varias ramificaciones por las que se puede continuar la Vía de la Plata hasta Benavente, para enlazar Astorga con el Camino Francés. Dicho camino, especialmente en verano, resulta muy duro por las altas temperaturas de Andalucía, Extremadura y Castilla, las inmensas soledades a través de montañas, dehesas y planicies, y la escasez de servicios.
Una denominación reciente e la del Camino Inglés, el cuál debe su nombre a que los peregrinos procedentes de las Islas Británicas y otros puertos de Europa Septentrional atracaban en los puertos de La Coruña y Ferrol para emprender el camino rumbo al sur hacia la capital compostelana. En él, han quedado plasmados siglos de historia y cultura que se pueden observar en las monumentales construcciones históricas y en las modernas obras de ingeniería y vanguardias arquitectónicas.
5. Dónde empezar
Es una decisión que debe ser tomada en función del tiempo disponible. Pero, si tenemos la opción de escoger, es preferible recorrer los tramos finales, en una semana o dos, y llegar a Compostela, antes que optar por la posibilidad de realizar el Camino por tramos, práctica que provoca la frustración de abandonar.
El Camino Francés, como su propio nombre indica, es aquel por el que venían los francos (identificados con todos los extranjeros), y en este caso, se recomienda a los peregrinos españoles que preparen la subida al Pirineo con dos o tres etapas previas a través de alguno de los cinco caminos históricos que, en Francia, avanzan hacia la cordillera. Además, en Francia, la información es abundante, las facilidades para desplazarse en tren y bicicleta, grandes y los precios cada día más parecidos.
6. Dónde terminar
De sentido común, termina en la capital gallega, pero no obstante, cada vez son más los peregrinos que desean concluir su ruta en el Finisterre, donde a lo largo de la historia llegaron los romeros. Allí veneraban l Santo Cristo (Fisterra) y a la Virgen de la Barca (Muxía), ambos personajes englobados en la gran leyenda jacobea. Hoy, como en años anteriores, la curiosidad de conocer el fin de la tierra de los antiguos se une a la necesidad de conseguir un ansia de espiritualidad no lograda en Compostela.
7. Las Etapas
Sin tener en cuenta el camino escogido, el trayecto es largo, y por eso, los recorridos deben adaptarse a las peculiaridades de cada etapa, nuestro estado físico y, sobre todo, a los imprevistos. En cualquier caso, conviene no obsesionarse en seguir planes prefijados, sino que es mejor adaptarse a las experiencias diarias. A pie podemos calcular que se hagan etapas de 25-30km, y en el caso de los ciclistas, sin grandes problemas, el doble de kilómetros.
8. La Época
El Camino de Santiago puede hacerse durante todo el año, a pesar de que Julio y Agosto son los meses con más horas de sol y menos riesgos meteorológicos, pero también los de mayor afluencia. La mayoría de los peregrinos elige esas fechas, lo que masifica los caminos y provoca colas ante los refugios para conseguir una plaza bajo techo. Pero quien por lo contrario, busca el verdadero espíritu medieval del peregrino solitario, deben optar por el invierno: los albergues están vacíos y apenas hay gente en la ruta; el precio a pagar es el barro, la lluvia y el frío. En cambio, Junio y Julio aparecen como los meses ideales: buen tiempo y una afluencia moderada de caminantes, sobre todo extranjeros. Muchos peregrinos, ante la imposibilidad de tener más de 30 días seguidos de vacaciones, empiezan en Semana Santa y lo concluyen en verano.
9. El Alojamiento
La red de albergues para peregrino recrean la antigua tradición hospitalaria jacobea. En ellos pueden dormir quienes viajen a pie, caballo o bicicleta a cambio de una pequeña cantidad de dinero. En los orígenes, esa cantidad era voluntaria. Por desgracia, la falta de solidaridad de los peregrinos ha provocado que una buena parte de los refugios, exijan ya un mínimo pago obligatorio. Lo único que se garantiza es un techo para dormir y agua para lavarse, no siempre caliente, porque como los auténticos amantes del Camino dicen: “ el peregrino no exige, agradece”. A cambio se pide dejar limpias las instalaciones y respetar el descanso de los demás. No abren hasta el mediodía (hasta las 16:00 los gallegos) y exigen silencio a una hora temprana (entre las 21:00 y las 23:00 horas). No se puede permanecer más de una noche, salvo enfermedad, y tienen preferencia los caminantes frente ciclistas y jinetes. Muchos están cerrados en invierno.
1o. El Equipo
Debemos prescindir de todo lo que podamos, y llevar con nosotros, solamente aquello que verdaderamente consideremos imprescindible y útil.
En primer lugar, empezaremos por lo que es considerado fundamental, los pies. Debemos elegir unas buenas botas, mejor de caña alta y suela perfilada, que sujeten el pie evitando torceduras del tobillo, ajusten bien el talón (talla exacta), estén provistas con cámara de aire y bien impermeabilizadas, como por ejemplo las gore tex o botas de senderismo de caña baja. En verano sirven unas ligeras de trekking, que sujeten el tobillo, no agobien demasiado el pie y lleven un buen dibujo en la suela. Además, es recomendable llevar unas chanclas o alpargatas para descansar los pies, una vez en el albergue.
Los calcetines, preferiblemente de algodón con un pequeño porcentaje de fibra sintética para que sequen antes al lavarlos, o de otros materiales sintéticos de calidad específicos para deportistas, por ejemplo el colmas, que aleja el sudor del pie y evita la formación de ampollas.
La ropa interior también debe ser de algodón o sintética, para evitar rozaduras. En cuanto a los pantalones, la opción más frecuente es llevar unos pantalones cortos y otros de chándal para intercambiarlos, y unos pantalones impermeables de quita y pon, que sean ligeros. En verano también es recomendable incluir un traje de baño para disfrutar de las playas fluviales y piscinas que se encuentran a lo largo del Camino. Completan el atuendo las camisetas, de algodón 100% o poliéster, y un jersey o sudadera deportiva. Para el frío y la lluvia, basta con un chubasquero ligero y una capa o poncho de fibra polar, hidrófuga y térmicamente aislante, para proteger la mochila. Es imprescindible el sombrero, mejor que la gorra.
En general, es recomendable que las prendas sean ligeras para que sequen rápido, aunque hay albergues que facilitan esta labor con lavadoras y secadoras de pago y así, bastar con tres o cuatro mudas para toda la peregrinación.
Para pernoctar en los albergues es obligatorio el saco de dormir. En verano, uno ligero de fibra sirve; en invierno es mejor llevarlo de pluma natural o sintética, ya que en los albergues hace mucho frío y son pocos los que cuentan con calefacción. También se hace muy aconsejable llevar una funda de almohada y una linterna.
Otro elemento básico es la mochila, pues la columna puede resentirse de un esfuerzo poco habitual y continuado. Ha de llevar refuerzos en las costuras, almohadillado en espalda y correas y un sistema de sujeción que permita ajustarla al cuerpo para que no se mueva en los descensos.
Cambiando de materia, es aconsejable llevar cómodas botas o cantimploras junto con los utensilios necesarios en el momento de alimentarnos: juego de cubiertos y, tal vez, una buena navaja, para calentar algo en un momento dado, puede ser útil un cazo de metal, y como no, un mechero.
Para los objetos de aseo podemos hacernos un ligero neceser en el que guardar champú, gel, desodorante, elementos de afeitado, para el aseo femenino, pasta de dientes, hilo dental, peine, pinzas de depilar, cortaúñas y papel higiénico, y protector solar, todo en pequeño formato.
Para la colada no podemos olvidar el detergente para lavar a mano, pinzas para tender la ropa en el albergue e imperdibles para colgarla a la mochila si aún no se ha secado.
A todo esto, le podemos añadir una riñonera para guardar la documentación, una pequeña libreta de notas, una cámara de fotos, la guía del Camino, un reloj, el móvil, una vieira sujeta a la mochila o colgada del cuello como buen peregrino, y un botiquín mínimo compuesto por analgésicos (aspirinas o paracetamol), apósitos, aguja e hilo para ampollas, tiritas, vaselina, alcohol, agua oxigenada, una crema antiinflamatoria y un desinfectante.
11. La documentación
Es imprescindible llevar durante todo el trayecto la credencial, una libreta de papel que en teoría se puede obtener en las principales iglesias y refugios, pero también puede darse el caso de que se hayan agotado con facilidad. Ante esta situación, sirve una carta de presentación de la parroquia de procedencia, donde se puede ir poniendo sellos. Su finalidad es su sellado para que el peregrino consiga la acreditación necesaria para alojarse en los albergues del Camino. Es imprescindible para pernoctar en los refugios, y será sellada por los hospitaleros para autentificar el paso por la Ruta. Finalmente, presentándola en la Oficina del Peregrino de Santiago, se obtiene la Compostela, un documento que acredita la peregrinación bajo pietatis causa.
La Compostela es un certificado expedido por las autoridades eclesiásticas y dado a los peregrinos cuando acaban su recorrido. Para ganarla se necesita haber andado un mínimo de 100 kilómetros a pie o 200 en bicicleta o caballo y si, una vez examinada, falta algún sello, la Compostela puede ser denegada.
REFERENCIAS:
- Pombo, Antón: Guía del Camino de Santiago para peregrinos exigentes; 2009
- Ávila Granados, Jesús: El Camino de Santiago; Rutas de España, Planeta, 2006 Barcelona.
- Brian y Marcus Tate: El Camino de Santiago; Destino, 1987, Barcelona.
- Bravo Lozano, Millán: Guía práctica para el peregrino; El Camino de Santiago: Guías del viajero, Everest, 1998, León.
- Fernández Arenas, José: Los Caminos de Santiago: historia, arte y leyendas; Palabra plástica, Anthropos, 1993, Barcelona.




